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Editorial:
Cada editorial que me propongo a escribir siempre salta la incertidumbre de por que lo hago. Me resulta a veces innecesario llenarles de palabras, pero no encuentro otro medio de agradecerles por tanto bien que con la gracia de Dios y su apoyo vamos logrando en estos años que caminamos juntos.

Devolverle la alegría a un joven, darle de nuevo un motivo de esperanza es quizás de las mayores satisfacciones que se puede experimentar en esta vida. Hoy asistimos a una oferta de pequeños profetas que prometen lo que no tienen, hablan de una renovación generacional y se meten en caminos de violencia y de irrespeto a la dignidad de las personas. No se puede crecer como pueblo con el desprecio, la descalificación, el odio; la única alternativa de crear una juventud nueva es apuntando al corazón y a la mente y llenándolos de amor y procurando que descubran los valores cristianos por si mismo tales como: el valor de la formación humana, el valor de la familia, el valor servicio desinteresado a la comunidad, el valor de la lealtad a la patria, el valor del trabajo bien hecho, en definitiva volver a reencontrar la DIGNIDAD DE LA PERSONA; solamente así podremos hablar de un cambio generacional, conscientes de que es una labor a largo plazo y de una constancia a veces heroica; por eso los invitamos a que apostemos en la educación en los valores cristianos; solamente en la medida que plantemos a Cristo en el corazón de los niños podremos pensar en un cambio profundo en las personas que se va a traducir en cambios estructurales. Es un error pensar que los cambios se dan desde la cúpula; la experiencia nos demuestra que cuando el Señor planteó hacer una transformación universal histórica, empezó con un pequeño grupo, esto es, de pocos, de los que quieran comprometerse a fondo con el evangelio y proyectarlo en la educación.

Por eso volvamos a soñar y renovemos nuestro compromiso con el Ecuador, con la iglesia y con nuestro Dios. Gracias una vez mas y que Dios los bendiga. ‘En verdad os digo: cuanto hicisteis a uno de esos mis hermanos mas pequeños, a mi me lo hicisteis Animo, Dios los ama.

Padre Raniero

 

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